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LABIOSGLOSS

Querido corazón...

Querido corazón...

 

... Habíamos quedado en que te mantendrías al margen. Habíamos quedado en que ya habías sufrido suficiente, que necesitabas un respiro, que sólo querías descansar...

 

... ¿Y ahora me dices que quieres volver? ¿ahora? Tú, que has sido paciente, que has encajado cada golpe de los últimos años con cautela y resignación, que has aprendido a protegerte, que has cuidado de mí dándome fuerzas cuando por dentro dolías... ¿ahora qué te pasa? ¿qué has visto, qué has sentido para que te merezca la pena volver a la batalla?

 

...No voy a dejarte, ¿vale? No voy a dejarte empezar a latir de nuevo. No voy a dejar que tu latido golpée mi pecho por aquello que no merece la pena, por un simple juego. No te ilusiones, no me llenes el cuerpo de alegría cuando sé que lo único que me puedo permitir es disfrutar de un momento tan intenso como efímero...

 

... No voy a dejarte patalear a través de las lágrimas. No me van a ablandar por mucho que su humedad surque mis mejillas.

 

... No voy a ceder a pesar de las noches en vela, no voy a dejarte ganar por agotamiento...

 

... Descansa tranquilo, pausado, déjate mimar, no te lances a la aventura a cambio de un poco de cariño... No me confundas y yo cuidaré de tí...

 

Labiosgloss.-

FANTASEANDO

FANTASEANDO

 

Puedo ver en sus ojos el cambio. Puedo sentir como muta su jovialidad, su dulzura, en el más oscuro de los deseos. 

 

Dejo de ver la sonrisa en sus labios, que se tornan serios, concentrados, cuando me toma de la mano, me pega a la pared y coloca mis manos sobre mi cabeza. Puedo sentir su intensidad cuando me mira a los ojos, pero no sonríe, solo me mira fijamente, solo me deja perderme en ellos mientras no puedo evitar acallar un gemido.

 

Y sujeta mis manos, atadas, a la parte susperior de la puerta, y muy despacio, comienza a desnudarme, paseando las yemas de sus dedos entre el encaje de mi ropa interior, siguiendo el hueso de mi clavícula, apenas una caricia, ascendiendo por mi cuello, apartando mi pelo y rozando mi nuca.

 

Cierro los ojos, quiero sentir esa calidez solo en mi piel, no distraerme con nigún otro sentido... pero no me deja.

 

"No cierres los ojos, mírame", y tira levemente de mi pelo para recuperar mi atención.

 

Deseo sus labios, pero no los acerca a mí. Quiero besarle pero sé que no me va a dejar, de momento... Sé que ha empezado un juego que me deja totalmente a su merced.

 

Desaparece un segundo de mi lado, para volver con algo en las manos. Un recipiente con chocolate templado, que me sorprende, hasta que introduce su dedo índice en él y recoge una pizca de crema que coloca sobre uno de mis pezones. Y se recrea extendiéndolo sobre él, siguiendo su contorno, para después lamerlo y relamerse mientras degusta la mezcla.

 

Y coloca un poco más sobre mis labios, como si los maquillara, perfilándolos, para después pasar tan solo la punta de su lengua sobre ellos, retirando de nuevo el chocolate.

 

Y juega a contornear mi cuerpo con la crema, dibujando líneas que después saborea, y yo intento moverme, pero me doy cuenta de la poca libertad de movimientos que tengo atada. Y empiezo a gemir pidiendo que me suelte.

 

Pero no lo hace. Y no le doy ninguna pena.

 

Deja el vaso aparte y me gira, dejándome de espaldas a él, de cara a la puerta a la que me tiene atada. Y desliza sus manos desde mi cuello, bajando por mi espalda, mis caderas, mi traseo y mis piernas. De nuevo, ésta vez con las manos embadurnadas de aceite, repite la operación. Y noto como mi piel se calienta por el roce de sus manos.

 

Me masajea de forma intensa pero sensual. Hasta que noto como su mano sacude con fuerza mi trasero. Un golpe seco, muy intenso, que me hace dar un respingo  y me obliga a ahogar un grito, y que sin embargo él calma de forma instantánea agachándose y depositando un beso en el punto exácto en el que segundos antes dejaba caer su mano.

 

Y vuelve a deslizar sus manos sobre mi piel, y ahora sí posa sus labios en mi cuello, y me muerde ligeramente, y me susurra, y, de repente, siento de nuevo el picor del golpe de su mano en mi trasero. Esta vez seguido de una suave caricia que intenta aliviarlo.

 

Noto los brazos cansados por todo el tiempo que llevo con ellos sobre mi cabeza, cada vez mantienen menos la postura, y él me ayuda sujetando mis muñecas con una de sus manos contra la puerta, notando todo su cuerpo contra el mío, contra mi espalda. Notando como mueve sus caderas contra mí, para volver a sentir la fuerza de su mano sobre mi trasero, enjaulada entre sus brazos y su cuerpo, sin poder moverme, intentando controlar el escozor del azote sin llorar, porque no es dolor lo que me provoca, porque si lloro, no es porque no me guste lo que hace...

 

Y desaparece de nuevo, y vuelve con aquella cinta negra de raso que le regalé. Y me gira y, ahora sí, me besa. Y me envuelve, dibujando sobre mi piel con el lazo. Como si creara un vestido sobre mí. Y allí, estirada como me tiene, con los brazos en alto, despeinada, llorosa y excitada, hace nudos y lazadas, y me siento protegida.

 

Labiosgloss.-

EN TUS MANOS

EN TUS MANOS

 

Sentir el calor de tu mano sobre la mía, y sobresaltarme... En un momento tan cotidiano, tan poco íntimo, tan profesional... y sin embargo, dejar todo mi mundo aparte y contentrarme en esos centímetros de piel que se posan sobre la mía.

 

Y solo he podido alzar la mirada y sonreirte, y tu gesto sacudiendo el pelo que tapaba levemente tus ojos me ha sobrecogido... porque he visto en ellos que no era un gesto casual, he notado que no retirabas la mano, he notado que empezaba a derretirse sobre la mía al tiempo que mi corazón latía más fuerte.

 

Y he sentido tu calor en mí.

 

Me he sentido humedecer, me he sentido flotar, me he sentido transportada por el aroma que me llegaba de tu perfume, mezclado con el sudor de tu cuerpo, con el del mío, con el ambiente cargado del recinto...

 

Y todo ello eras tú, todo ello te define, todo ello te hace especial en mi mente.

 

Y tus ojos tranquilos me sonríen, tus labios serenos me sonríen, tu mano sobre la mía también lo hace, y dibuja círculos en mi dorso, y el cosquilleo me produce tanta excitación que suspiro, y no me importa que lo veas. Y te acercas y me susurras un "¿te pone nerviosa?"... y no acierto a responder mientras me noto entreabrir los labios de pura excitación.

 

Juegas conmigo en el trabajo y te lo permito, juegas conmigo en tu casa, y te lo permito...

 

Juegas conmigo... y yo así, en tus manos...

 

Labiosgloss.-

Hoy

Hoy

 

Hoy me ha tocado y le he sentido diferente...

Hoy le he tocado y se que me ha sentido diferente...

Hoy mi mirada intentaba decir lo que mis labios no se atrevían...

Hoy las marcas en mi piel eran mucho menos dolorosas que las de mi alma...

Hoy he aceptado que no puedo darle todo lo que necesita, que no puedo pedirle que se conforme solo conmigo... y que aunque me de la opción de pararle, no soy quién para hacerlo si en el fondo es algo que él desea...

Hoy había palabras que rondaban por mi mente y que no he sabido pronunciar...

Hoy me he dado cuenta de que tengo un problema: mi necesidad de él, mis ganas, mi ilusión, y al mismo tiempo mi miedo, cuando estoy a su lado...

Hoy me he dado cuenta de que ha pasado lo que no quería que pasara, lo que me aterraba volver a sentir...

Hoy me he dado cuenta, una vez más, de que los cuentos de hadas no existen...

 

Labiosgloss.-

DESPACIO

DESPACIO

Sus ojos me encienden... su forma de mirarme me enciende.

 

Sus manos me envuelven y me acercan a su cuerpo.

 

Su cuerpo me transmite el calor de su deseo y su impaciencia, y se mezcla con la mía, y se alimentan la una a la otra. Esa impaciencia que nos impide hablar, a sabiendas de que serán nuestros cuerpos quienes hablen...

 

Noto sus labios en mi mandíbula y noto como me flaquean las rodillas. Sus brazos me sujetan, y me dejo abrazar por ellos, mientras respiro agitada deseando que su boca se acerque a la mía.

 

Ese calor de sus labios que intentan ser dulces, que intentan ir despacio, pero que se van enervando según bajan a mi cuello, y que se impacientan tanto como lo estoy yo, mientras intento acallar un gemido dentro de mí al notar sus dientes en mi garganta.

 

Siento la presión de sus manos en mi trasero, acercándome a su cuerpo, y noto su excitación.

 

Giro la cabeza buscando sus labios con los míos, pero juega conmigo, los esconde, y puedo ver cómo sonríe mientras lo hace. Me tortura porque sabe que eso me excita aún más.

 

Y me está matando.

 

Ha empezado a subir mi vestido por un lateral, y ha ascendido con su mano por mi muslo. Ahora noto cómo sus dedos apartan mi ropa interior y se abren paso en mi cuerpo.

 

Sé que estoy mojada. Estoy mojada desde que salí de casa, desde que introduje las bolas de acero en mi cuerpo, expectante por saber qué sensaciones me proporcionarían, y cuál sería su sorpresa al encontrarlas allí. Y su movimiento dentro de mí, la tensión que me obligan a mantener todo el tiempo, me tienen al borde del orgasmo, sobre todo al sentir cómo sus dedos separar mis labios, ascienden muy despacio hasta mi clítoris,y lo acarician, justo en el instante en el que, además, atrapa mi boca con la suya y noto el deseo de su lengua dentro de mí, con su respiración impaciente, con su mirada fiera y su cuerpo totalmente preparado...

 

Soy consciente por primera vez de que cerré los ojos en el primer abrazo y apenas los he abierto después, puede que tan sólo para buscar su mirada, para interpretar su estado de excitación, pero le disfruto de una forma muy intensa cerrando los ojos y dejándole hacer a él.

 

Me tiene contra la pared, apenas puedo moverme... Con una mano ha sujetado mis muñecas sobre mi cabeza, y con la otra sigue curioseando dentro de mí... y noto su suspiro risueño, y se que las ha encontrado, y que le gusta...

 

Le pido que vayamos a la cama... quiero ir despacio, quiero alargarlo y disfrutarle.

 

Me siento en el centro de la cama, con las piernas abierta y ligeramente dobladas, para que él se encaje, en la misma posición, frente a mí, cruzando sus piernas sobre las mías, enredándonos el uno en el otro, con su rostro frente a mí.

 

Y acaricio su pelo, y sus cejas, y bajo por su mandíbula hasta sus labios... y me deleito recorriendo su rostro con mis ojos, mientras sus manos permanecen quietas sobre mis muslos. 

 

Y acerco mis labios a su oido...  “Tócame... quiero sentirte dentro...”

 

Y mueve una de sus manos, que se introduce entre mis piernas, acariciando suavemente mi piel... y sin dejar de mirarnos a los ojos, llega a mi sexo y lo abre, y se queda ahí, inmóvil, tan sólo dejándome sentir la presión de su mano, caliente, sobre mi cuerpo, dejando que la excitación vaya creciendo poco a poco, para después recorrer con su dedo toda la longitud de mi sexo, ya totalmente empapado, y llevandose el dedo a la boca, lamiéndolo... Y yo no puedo reprimir mis ganas y acerco mi labios a los suyos para saborearme a mí en él.

 

Abraza mis hombros y rodeo su cuello con mis manos. No puedo dejar de besarle, muy despacio, alimentándome del aire que exhala, sintiendo el calor subir por mi pecho y nublarme los sentidos.

 

Agarro su nuca y le acerco a mí. Nos miramos a los ojos, pero no decimos nada, ni una palabra. El silencio va a acumulando toda esa tensión que, cuando no podamos más, hablará por sí sola.

 

Y bajo una de mis manos por su pecho, y llego hasta su sexo. Y notarlo tan duro y caliente, por mí, dispara mis sentidos. Y acerco un poco más mis caderas, para que pueda rozar con mi clítoris, y sentir toda su dureza contra mí.

 

Sé que está a punto de revelarse y tomar el control. Lo se por su mirada, por su forma de respirar, por la forma en que las yemas de sus dedos se clavan en mi piel.

 

Y cuando muerdo mi labio inferior mientras le miro, me empuja hacia atrás, tumbándome en la cama, y colocándose sobre mí,  con una de sus manos entre mis muslos, susurrándome al oído “¿Vas a ser buena?”... y poniéndome a cien.

 

Y de nuevo, sus dedos abriéndose camino dentro de mí... ahora sí jugando con las bolas que aún llevo dentro, empujando ligeramente, atento a mis reacciones... Y cuando le digo “Sácalas, te quiero a ti dentro”, se apresura a liberar el espacio para empezar a jugar él...

 

Y noto oleadas de placer cada vez que sus dedos entran dentro de mí, cada vez que noto su presión tan al fondo que me tiembla todo. Y noto que entra, y gira, y mueve, y saca, y vuelve a entrar... cambiando el ritmo, la intensidad, y me hace imposible prever sus movimientos...

 

Y sólo puedo dejarme llevar...

 

Labiosgloss.- 

FALL ANGEL

FALL ANGEL

A veces las expectativas hacen que la diferencia entre lo que esperas y la realidad resulte decepcionante...

 

Otras veces, las expectativas, por altas que sean, no sólo se cumplen, sino que resultan ser infinitamente mejores...

 

Y él lo ha conseguido.

 

Le abrí la puerta con los nervios a flor de piel, con la excitación contenida y las dudas lógicas de una primera cita. Pensando incluso si no estaría equivocada, si no había sido un error citarle directamente en casa... Sin embargo, tras ella encontré una sonrisa franca y unos ojos impacientes, cierta calidez en su forma de moverse, y mucha seguridad. Porque el primer contacto tras el primer “hola”, tal y como le pedí, fue un abrazo que me calmara. Necesitaba sentir a través de ese abrazo su esencia, sentirme cómoda para poder continuar la velada, sentir que aquel desconocido en realidad no era tal cosa, y que nuestras conversaciones, en cierto modo, nos habían ayudado a conectar.

 

Y efectivamente, me rodeó con sus brazos, acercó su cuerpo al mío y apoyé mi cabeza en su pecho. Podía notar su respiración como supongo él podía sentir la mía. Noté su cabeza introducirse en el hueco de mi cuello, y su respiración en él.

 

Mientras, su brazos habían ido bajando de los hombros y la espada a mi cintura, y una de sus manos empezaba a bajar por mi costado a mi cadera, y de ahí al muslo, para subir ligeramente el vestido y tocar mi piel. Ahora, sus labios rodeaban mi cuello hacia mi mandíbula, y buscaban los míos. Y nos besamos al mismo tiempo que su mano ascendía de nuevo, ya bajo la tela del vestido, hacia mi pubis, retirando delicadamente mi ropa interior e introduciéndose poco a poco en mi sexo, acariciando mi clítoris. Instintivamente, abrí un poco más las piernas para permitirle total acceso a mi humedad...

 

Con su otro brazo, agarró una de mis piernas y la subió hasta su cadera, para rodearle con ella, y así, indirectamente, quedar mucho mas pegado a mí. Podía sentir su excitación y la mía iba en aumento.

 

De ahí, la elección fue muy sencilla... ni podíamos ni queríamos parar en ese momento, le tomé de la mano y fuimos al dormitorio. Apenas la luz de las velas de la entrada y la luz nocturna de la ciudad iluminaba la habitación. No necesitábamos nada más, porque era el tacto el único sentido que queríamos experimentar en ese momento...

 

Le tumbé sobre la cama y me puse sobre él, mientras nuestras manos exploraban al otro, mientras nuestros labios se saboreaban, mientras nuestras respiraciones se entremezclaban... Podía sentir mi sexo totalmente mojado, esperando lo que ambos sabíamos que sucedería desde hacía días...

Y sentir cómo sus dedos entraban en mí, sin hablar, despacio, me volvió loca de placer.

Y retozamos y nos dimos el uno al otro, como un ritual más para conocernos. No hacían falta palabras, ya habíamos hablado mucho antes, ahora queríamos sentirnos...

 

Y tras esa presentación, decidimos recuperar el control y volver al plan previsto: una agradable cena, un buen vino, y una conversación entretenida.

 

Cuando llegó el momento del postre, me acerqué a la cocina a por el helado que había comprado para la ocasión. Él se ofreció a recoger conmigo... pero una vez allí, se colocó detrás de mí, me apartó el pelo del cuello y lo besó, agarrando mis pechos con sus manos, haciéndome perder el control de nuevo. Y entonces, para mi sorpresa, me giró, me levantó y me colocó sobre la encimera, y así, tras tocarme y asegurarse de que estaba lista, empezó a jugar con mi sexo y a volverme loca, una vez más, mientras me aferraba a sus hombros y su cuello y notaba sus dedos entrar muy dentro de mí.

 

De ahí al sofá, y en él, el helado... una cucharada de helado sobre mi pecho, justo sobre el pezón, resbalando por mi costado, y su lengua recorriendo el camino que dejaba al deslizarse, derritiéndose al mismo tiempo que yo me deshacía de gusto...

 

Y cuando pensaba que el momento no podía se más erótico, cuando incluso me había hecho gemir como nunca al lamer mi sexo con un hielo sobre él, dentro de él, una sorpresa más: las esposas, unas muñequeras que se unían entre sí y que me colocó mientras yo prometía ser buena y obedecer... Y sólo el hecho de sentir mis movimientos limitados, me produjo un indescriptible placer, una excitación que no recordaba haber sentido en mucho tiempo...

Y tumbada sobre el sofá, con mis manos sobre mi cabeza y su cuerpo sobre el mío... decidí dejarme hacer mientras él se dedicaba completamente a mí.. y yo no podía hacer nada salvo sentir y disfrutar de todas aquellas sensaciones...

 

Los minutos pasaban dedicados el uno al otro, cambio de escenario incluido cuando decidimos que necesitábamos más espacio y nos fuimos al dormitorio, y allí, sobre mis sábanas negras, con mi piel blanca contrastando sobre ella, le dejé comenzar de nuevo, empezando por un sensual masaje con aceite que nos dimos el uno al otro, y que me ayudó a desconectar del mundo.

 

A lo largo de la noche me hizo sentir cosas que jamás había experimentado, desde la maestría de sus manos a la calidez de su boca, la fuerza de su sexo llenándome por completo... la entrega de quien disfruta tanto dando placer que se dedica en exclusiva a la otra persona. Y yo, dejándome mimar...

 

La ducha juntos antes de intentar dormir un rato, cuando ya eran las cinco de la madrugada, nos llevó de nuevo al juego erótico de un nuevo entorno: el agua resbalando por nuestra piel, enjabonándonos, limpiándonos y ensuciándonos mutuamente... y yo, arrodillada frente a él, lamiendo su sexo de nuevo imponente ante mí, hasta sentir como su mirada se perdía y se dejaba ir, dándome toda su fuerza y placer contenidos...

 

Y así, recién duchados, nos relajamos uno junto al otro para poder dormir un rato y recuperar fuerzas.

 

Apenas tres horas después, cuando la luz empezaba a ser brillante en la calle, me despertó girándose hacia mí y dejándome sentir su sexo, de nuevo listo para la batalla, contra mi trasero. Y su mano, colándose entre mis muslos buscando mi humedad, que no sabría decir si se había activado al primer contacto, o si se había mantenido así toda la noche...

 

Y esta vez su propuesta fue empezar a probar algunos de los juguetitos que había traído para mí: me enseñó cada uno y su funcionamiento, para que fuera yo quien decidiera si quería o no usarlos... Y en aquel momento yo ya tenía claro que probaría cualquier cosa que me ofreciera, que confiaba en su experiencia y su maestría, y que su interés por darme placer incluso sobre el suyo propio, me dejaba claro que no me propondría nada que no me fuera a gustar...

 

Volver a caer el los brazos de Morfeo tras un nuevo éxtasis y dejarle dormir tranquilamente mientras le miraba, con cara de relax absoluto y tan cómodo como si estuviera en casa...

 

Así pasó el tiempo hasta la hora de comer, en el sofá de nuevo, charlando y riendo hasta que su mirada cambió, se llenó de deseo, y se abalanzó sobre mí para empezar de nuevo... y yo, que no podía imaginar lo que me esperaba cuando se colocó sobre mí, tumbada boca abajo, y empezó a acariciarme y frotarse contra mí, sintiendo su cuerpo sobre el mío, su excitación creciendo... cuando le sentí entrar en mí y quedarse ahí... para siempre. O no para siempre, pero sí el tiempo suficiente como para provocarme diez orgasmos, uno tras otro, sin salir de mí, susurrando a mi oído que íbamos a por uno más, cuando yo ya empezaba a perder el sentido, cuando ya no podía ni oír lo que me decía, y me contradecía cuando le pedía que parara, él me decía si quería mas, y yo le decía que sí... cuando mi mente estaba nublada y sólo podía sentir y sentir...

 

Notaba todo mi cuerpo temblar, había perdido el control sobre él, y ahora era aquel chaval quien lo controlaba a su antojo...

 

Y cuando parecía haber quedado satisfecho haciéndome tocar diez veces el cielo, tras una tregua de apenas unos minutos, le puse en bandeja el acceso a mi esfínter y le dejé que lo estimulara y lo preparara para él... algo que hizo con facilidad y que me llevó otras tres veces al cielo, aparte de mil sensaciones mas mezcladas que no podría describir, cuando ya sentía todo como un orgasmo continuo con cambios de intensidad.

 

Y sumando que fue capaz de llevarme al éxtasis más absoluto de nuevo, tan solo introduciendo muy lentamente sus dedos en mi sexo, y una vez más, quizá la más intensa debido a la energía acumulada, al retirarlos... un orgasmo brutal mientras sentía sus dedos salir de mí muy despacio... y uno más lamiendo mi clítoris y soplando sobre él, y yo ya no podía más, mi cuerpo temblaba, tenía espasmos y contracciones todo el tiempo, mi mente estaba como desconectada del mundo real, mis manos hormigueaban de la tensión acumulada...

 

Y me cogió de la mano para ayudarme a ponerme en pié y llevarme a la cama y así poder descansar de semejante explosión de sensaciones... cuando además , yo misma le había “advertido” que no podría hacerme tener varios orgasmos seguidos, cuando le había “advertido” que no podría hacerme llegar a clímax con un anal... Y toda mi lógica quedó borrada por él.

 

Volver a la cama y descansar... para un rato después volver a empezar, y vivir una de la experiencias más intensas de mi vida, cuando sacó un complemento a las muñequeras, que me colocó, y lo puso sobre el borde superior de la puerta... y me ató a él, dejándome allí, con los brazos en alto sobre mi cabeza, totalmente estirada, a su merced, dedicando su lengua y sus dedos a mi sexo, y llevándome de nuevo al más absoluto placer.

 

Llevándome de nuevo a la cama, sacando una cuerda morada muy suave, y preguntándome si quería probar el “bondage”... Y yo, ya rendida a él, le dije que sí, y con las muñequeras aún puestas y enlazadas, me hizo poner de rodillas sobre el colchón y fue colocándome la cuerda alrededor del cuerpo, para después colocarme a cuatro patas y agarrar de la parte trasera de la misma, mientras entraba en mí una y otra vez, acompañando sus embestidas por azotes en mi trasero y besos en mi espalda, que me hacían gemir de puro placer, y para después incorporarme, girarme al espejo, y contemplar mi reflejo en él, con la cuerda rodeando mi cuerpo, mis muñecas enlazadas y él detrás de mi mientras introducía sus manos en mi sexo una vez más...

 

Ya no podía pensar, no sabía qué hora era, no me importaba, no sabía si tenía sed, hambre... me sentía cansada pero llena de energía, respondía como un resorte a sus peticiones, mantenía su ritmo y me excitaba verle tan activo...

 

Y tras la cena, cuando ya habíamos decidido dar por finalizado el día y que cada uno dormiría en su casa, me miró a los ojos y me dijo: “no creas que voy a irme sin follarte una vez más”...

 

Y entregada a sus deseos, le dejé de nuevo llevarme al clímax múltiple de la tarde, mientras temblaba sin descanso, mientras le dejaba hacer, mientras le sentía sobre mí hablándome, preguntándome si me gustaba, preguntándole si le gustaba a él, pidiendo más... para finalizar con tan embriaguez que mi cuerpo, abandonado a al placer, actuaba sin control pidiendo más y más...  

 

LABIOSGLOSS.-

Tu...

Tu...

Desde hace unos días no dejo de pensar en ti en determinada situación... No se si por las bromas, por el coqueteo real o fingido, o simplemente por mis ganas de ti.

No puedo evitar que mi mente vuele y recree imágenes de ti mismo mientras te dedicas a darte placer, mientras te masturbas, sólo, a tu ritmo, a tu manera, a tu gusto...

Estando a mi lado, o mirándote de lejos, pensando en ti o hablando de ti con cualquier otra persona... la idea de pensarte va unida, inevitablemente, a hacerlo excitado y tocándote...

Y entonces, la visión es siempre muy parecida... Puedo verte sentado en tu sofá, con luz muy tenue, acariciando primero tu sexo por encima del pantalón, frotándote para ir entrando en calor, notando como poco a poco tu respiración se va agitando, al tiempo que tu excitación, y por tanto tu pene, crece.

Y vas buscando el hueco para acceder a él, para acariciarlo de una forma más directa, un contacto más cercano... mientras cierras los ojos, y casi muerdes tus labios intentando así controlar el “tempo” para poder disfrutar más y más.

Tu respiración, que había ido aumentando en agitación, también ha ganado en sonoridad, y casi se ha transformado en un gemido, un ronroneo de placer aún controlado. Tus manos, sin embargo, empiezan poco a poco a adentrarse en tus rincones. Y acarician la base de tu pene, recorren su envergadura cada vez más consistente, acarician el glande para lubricar con su humedad toda su longitud, y casi mueves las caderas, embistes con ellas, al mismo ritmo que marcan tus manos.

La excitación recorre a oleadas tu cuerpo... se aprecian pequeños espasmos en tus músculos, la contracción de tu vientre, tu rostro acalorado y crispado, tus labios enrojecidos, tus ojos cerrados ligeramente humedecidos...

Justo en ese momento me encantaría relevar a tus manos, y posar mi boca sobre tu sexo, acariciarlo con mi lengua, sentir su dureza dentro de mi boca... pero no, eres tú quien sigue disfrutando de su propia “obra”. A pesar de que tu imaginación sin duda acompañará tus movimientos de sugerentes recuerdos, o estimulantes deseos, con o sin rostro...

Imagino cada una de tus sensaciones en ese momento: el calor que surge de dentro y que poco a poco te va llenando, ese calor que parece irradiar desde tu vientre a cada célula de tu cuerpo, ese calor que hace que empieces a sudar ligeramente, que hace aflorar tu dulce olor corporal y que se mezcla con el aroma de tu perfume...

Tus dedos, largos y finos, acarician sin parar, presionan, suben y bajan, agarran... con la cadencia justa, la velocidad y fuerza perfecta para mantenerte muy caliente y seguir controlando la situación. Puede que justo en ese momento, tu mente fantasee con una chica justo encima de ti, frotando su sexo contra el tuyo, mojándote con su humedad, convirtiendo esa frotación en un movimiento resbaladizo que hacer que en cualquier momento tu polla entre en ella, llenándola, sintiendo su cuerpo caliente rodeando al tuyo, sintiendo sus caderas girar ligeramente sobre ti, mientras con tus manos sujetas sus caderas haciendo presión sobre tu cuerpo, sin dejar un sólo milímetro entre ambos.

Aceleras el ritmo al notar que la fantasía dispara tu excitación. Gimes con un sonido ronco, profundo... tan sexy que podría correrme de gusto si ese gemido lo sintiera pegado a mi oreja, mientras soy yo quien se mueve sobre ti y mientras acaricias mi espalda y muerdes mi cuello.

Y te dejas ir con toda la fuerza acumulada, con toda la excitación contenida que ahora sale de ti, liberando el placer que guardabas dentro...

 

Labiosgloss.-

JUEGOS

JUEGOS

 

Juegas conmigo... y soy plenamente consciente de ello. Tienes la extraña habilidad de manejar mis emociones a tu antojo, y no puedo hacer nada por evitarlo.

 

Una de cal y una de arena, y mi desesperación creciendo, enfureciéndose, porque me es imposible controlar mi ánimo, tanto si me haces caso como si no.

 

Y cuando, en el momento álgido de tu indiferencia, casi distanciamiento, consigo autoconvencerme para mantenerme firme y apartarme, cuando respiro hondo y me armo de valor para dejarte de lado, apareces de nuevo, desmoronando mi plan... Tan encantador, tan juguetón, tan travieso, tan cercano...

 

Y me dejo llevar por esas sensaciones, aun sabiendo que a ese estado le ánimo le seguirá otro menos agradable... pero en ese momento, cuando tu atención es mía, cuando las miradas y sonrisas retoman el coqueteo, se me nubla la mente, y no puedo evitar pensar: bueno, disfrutemos de lo que hoy tenemos”...

 

Y juegas, y lo sabes, y lo sé. Ese en acuerdo tácito que parece haber entre nosotros, a pesar de la pérdida de control, al menos por mi lado, en que quedo después.

 

Y quizá por eso es tan intenso todo, y quizá por eso lo haces, dando una intensidad a “esto” que tenemos que lo hace aún más adictivo.

 

Labiosgloss.-