Blogia

LABIOSGLOSS

TENSIÓN

TENSIÓN

 

Intento mantenerme alejada de ti, sacarte de mi mente, continuar con mi rutina, distraerme… pero  al final, cuando apareces, noto como el sol me ilumina desde dentro. Siento el calor atravesando mi piel, y casi me noto flotar.

Contengo la intensidad de mi sonrisa para no mostrar más que lo justo.  Pero escucho a mi alma gritar tu nombre al sentirte cerca.

Me descentras, de inquietas, me asustas, me desquicias… me llenas.

No puedo contener los altibajos que provocas, probablemente sin darte cuenta, en mí. Me haces pasar de la más oscura penumbra a la luz más intensa.

Y es cuestión de segundos… sólo necesito que tus ojos se posen en mi y tu sonrisa me cautive. Sólo necesito que tu piel transmita algo de su calor a la mía. Sólo necesito sentir tu imperfección, tu vulnerabilidad, tus dudas, para empaparme de tu estado de ánimo e intentar compensarlo.

Porque tengo que contener con todas mis fuerzas tenerte tan cerca y no poder tocarte. Porque tengo que controlarme para mirarte a los ojos sin que estos me arrastren a la comisura de tus labios, que gustosamente degustaría cada vez que me hablan…

Y siento mi garganta hacerse un nudo, enroscada en sí misma, haciendo imposible vocalizar de una manera natural en tu presencia. Y temo que eso me haga quedar como una idiota delante de ti, aunque, por otro lado, creo que casi te resultará divertido, ya que dudo que no captes que mi nerviosismo delata la excitación que siento estando a tu lado.

Y esa tensión ante tí, condensada en minutos, me mantiene viva, día a día.

 

Labiosgloss.- 

MI REGALO...

MI REGALO...

 

He salido con mis amigas a celebrar mi cumpleaños… 

Ayer, al salir del trabajo, le insinué que, tras la cena, podía pasarse a tomar una copa al local donde estuviéramos, y ahí quedó todo.

Hoy no he querido insistir, pero sí he intentado tentarle con una foto  simpática de mi sonrisa y mi mojito.

…Salgo ahora de trabajar, si me invitas a uno de esos me acerco…

Ha tardado media hora en llegar, y al verle aparecer me temblaban las rodillas.

Nos hemos separado de mis amigas y nos hemos acercado a la barra. Me ha felicitado dándome un beso en la mejilla. Un beso muy lento, que se ha posado en mi piel más tiempo del recomendado entre dos simples compañeros…

Hemos compartido un rato de risas mientras le comentaba lo que habíamos hecho antes de que él llegara, cómo había transcurrido la cena… Y sus ojos ardían en mi retina, clavados en mi cerebro, viendo más allá de mí misma, lo sé. Sé que podía ver el deseo reflejado en mi rostro.

No es muy dado a bailar, pero mi tercera copa me ha animado a cogerlo  de la mano y contonearme frente a él.  Se ha limitado a rodear mi cintura con uno de sus brazos, y en uno de los movimientos, más cercanos a su cuerpo de lo normal, casi he podido sentir un gemido y su cuerpo crisparse al contacto con el mío.

Y su mano ha bajado apenas cinco centímetros, de mi cintura a mi cadera. Me he estremecido, me ha calentado aún más, me ha hecho cerrar los ojos y concentrarme en su contacto…

Después, de vuelta a la barra, se ha sentado en un taburete y he quedado frente a él, casi entre sus piernas, ligeramente abiertas, y he apoyado una de mis manos en su pierna. Muy lentamente, mientras hablábamos, mi mano ha ido ascendiendo, desde casi la rodilla hasta la parte superior del muslo. Lo hacía de forma premeditada, pero al mismo tiempo disfrazada de naturalidad, como si no me diera cuenta de lo que hacía, como si su pierna no fuera tal, como si fuera mi propio cuerpo…

Hasta que ha puesto su mano sobre la mía, frenando el ascenso, y ha tirado ligeramente de mí para acercarme a él y decirme  al oído “Si sigues haciendo eso, vamos a acabar muy mal…”

Eso quiero, quiero acabar muy mal esta noche… contigo.

No he dicho nada, simplemente he esbozado una sonrisa, acompañada de una mirada traviesa, dándole a entender que me importaba muy poco acabar así.

Y manteniendo la leve distancia a la que me ha puesto de él, le he tirado un beso. Apenas a diez centímetros de sus labios.  Y he empezado a bailar entre sus piernas, muy despacio, sólo moviendo las caderas al compás de la música…

Le veo desconcertado y también impaciente, excitado, y tímido. Esperando mi siguiente paso, sin atreverse a darlo él.

Así que me acerco a su oído y le digo “¿Y mi regalo?... ¿quieres ser tu mi regalo de esta noche?” y le beso el lateral del cuello, justo bajo el lóbulo de su oreja. Y ahora sí, sus manos me rodean y bajan hasta mi trasero, acercándome a su cuerpo. Me separo ligeramente y espero que acerque sus labios a mí. No voy a moverme, más vale que de él ese paso, porque si no estaremos a esa distancia toda la noche.

Sus ojos muestran dolor. Esa mágica expresión de dolor cuando deseas algo con todas tus fuerzas. Están entreabiertos y noto su respiración en mi rostro.

“Esto me está matando…” le digo, y ahora sí recorre el breve camino que nos separa y me besa. Apenas un roce, casi pidiendo permiso, para después ganar intensidad, gimiendo de placer por el deseo acumulado.

Me acerca un poco más a él.  Estoy encajada entre sus piernas y puedo sentir su sexo en mi pubis. Puedo sentir como me mueve contra él, cómo me desea. Y noto mi sexo empapado, palpitante, ansioso. Pero al mismo tiempo, contenido, porque esta situación es tan excitante que merece la pena alargarla y saborearla.

Rodeo su espalda con mis brazos, y asciendo despacio por su columna, hasta su cuello, mezclando mis manos con su pelo, acariciando su cuello y guiando mis besos.

Inclino mi cabeza hacia atrás y dejo que bese mi cuello. Siento que sus labios me queman al contacto con mi piel. Estoy tan excitada que podría follarle allí mismo…

Si nos vamos ahora mismo del local, en dirección a su casa o la mía, no sé si aguantaríamos hasta llegar.  Vamos a  esperar, vamos a frenar un poco. Le digo que me pida algo mientras voy al baño y le dejo un momento sólo en la barra…

Al regresar, nos resulta más fácil retomar una conversación y empezar a bromear, mientras nos acariciamos levemente, manteniendo las hormonas controladas, intentado mitigar  el deseo.

Cuando la noche llega a su fin, no hay nada que hablar. Su coche está cerca y yo no  tengo el mío… sin hablar, camino a su lado y ponemos rumbo a su casa.

Me dedico a acariciar su pierna mientras conduce, al tiempo que me mantengo tumbada, relajada, con los ojos cerrados. Al parar en el último semáforo, antes de llegar a su casa, se inclina sobre mí y me besa, al tiempo que introduce su mano bajo mi falda, entre mis piernas, buscando mi sexo. Se me escapa un gemido  que le excita aún  más.

No podemos evitar manosearnos y besarnos en el tramo que separa el garaje de su casa. He caminado a su lado al tiempo que metía mi mano en el bolsillo posterior de sus vaqueros, y mientras introducía la llave en la cerradura de su puerta, me he colocado detrás de él y rodeado su pecho con mis brazos, dejando después caer mis manos hasta su sexo, notando cómo inclina su cabeza hacia atrás y se impacientas por entrar.

Y apenas nos da tiempo a cerrar la puerta a nuestra espalda, cuando me empuja contra la pared y levanta mi falda hasta mi cintura, pegando su cuerpo al mío, levantando mis brazos sobre mi cabeza, besando mi pecho, tirando mi abrigo y mi bolso al suelo.

Me coge de la mano y me lleva a su cuarto. Y ahora me toca mandar a mí… Le empujo a la cama y se queda sentado sobre el borde, a mi merced. Mientras muy despacio me quito el vestido. Quiero quedarme delante de él en ropa interior, con mi sujetador y cullote de encaje negro, con las medias negras al muslo, con los zapatos de tacón puestos. Eso ya me lo quitará él.

Y me pongo a horcajadas sobre él, de forma que pueda acariciar mi trasero, morder mis pechos sobre la tela del sujetador… Hasta que no aguanta más, y me gira, me tumba sobre la cama, y muy despacio, empieza a quitarme lo poco que me queda de ropa.

Ahora tiemblo… sus caricias son tan lentas que me vuelven loca. Estoy impaciente por sentirle dentro de mí, he deseado este momento durante tanto tiempo… pero se recrea en mi sexo, y lo acaricia despacio, introduciendo sus dedos en él, disfrutando de su humedad… Y el contacto de sus labios me hace estremecer. Mis caderas se mueven impacientes, mientras siento su lengua jugar entre mis pliegues, su incipiente barba rozando mis muslos, sus gemidos clavándose en mi mente…

Le pido que siga, y al mismo tiempo que suba de nuevo a mi altura, que quiero besarle yo, que deseo saborearle, que me muero por notar su sexo entrar en mí… Y cuando consigo que lo haga, me muero de placer… Me siento derretir entre sus brazos, me consume la dureza de su sexo abriéndose camino en mí, el dulce movimiento que poco a poco gana intensidad, y que me hacer perder el control…

Mi orgasmo no puede esperar… Son demasiadas ganas contenidas… En realidad, podría haberme hecho explotar con la primera caricia si no hubiera sido por los nervios, pero ahora, por fin, está aquí, conmigo, en mí… y no va a ser una noche corta. Está toda por delante para nuestro disfrute.

Labiosgloss.-

CONTACTO

CONTACTO

 

Estamos trabajando y sin embargo no puedo dejar de recorrer tu cuerpo con mi mirada.

Me descubro a mí misma siguiendo el contorno de tu trasero enfundado en los vaqueros, viendo cómo asoma apenas tu ropa interior sobre la cinturilla al inclinarte… cómo tus músculos se distinguen a través de tu camiseta, y cómo tus brazos se tensan y relajan…

Aprovecho para mirar tu perfil mientras estás ocupado y no me ves… y sonrío por dentro. Me da tanto placer hacerlo… mirarte sin que seas consciente de ello, recrearme en tus contornos, en tus expresiones, en tu intimidad…

De pronto nos quedamos solos, y cuando por fin te giras hacia mí, veo cómo tus ojos recorren mi rostro, bajan a mi escote y se pasean por él…  noto cómo me tiemblan las rodillas, cómo me humedece  verte mirarme de esa forma…  Siento tantísimo placer en ese momento…

Y cuando tus ojos regresan a mi rostro, se dirigen a mis ojos, y se quedan ahí, tus ojos contra los míos, y no hay sonrisas, sólo expectación, ambos con los labios ligeramente entreabiertos y ninguna palabra esperando ser pronunciada.

Mi mente va a mil al tiempo que el mundo se detiene. Casi puedo sentir mi respiración, agitada, como única banda sonora de ese momento.

Tu mano se posa en mi hombro, y no es un roce de pasada, es una caricia estática que  mantienes ahí durante un rato… casi noto que lo haces para “acercarnos”, para romper la tensión de las miradas, un gesto amistoso y cercano, por hacer algo que no sea sólo derretirnos el uno en los ojos del otro…

La piel de tu mano calienta mi hombro. Ni siquiera la tela del vestido que lo cubre lo atenúa. Noto electricidad pasando de tu mano a mi cuerpo. No quiero que cese el contacto, no muevas tu mano, déjame grabar esa sensación en mi cerebro para poder recrearla después tanta veces como necesite.

Porque es necesidad de ese contacto lo que tengo.

La magia de ese instante se desvanece si entra alguna otra persona en escena, rompiendo la magia de ese mundo en el que sólo estábamos tú y yo…

Y en el momento de despedirnos, resulta imposible hacerlo de forma distante y mecánica… ya no nos sale. Necesitamos ese contacto antes de marcharnos. Casi frente a frente, quedas ligeramente a mi derecha, y al iniciar el camino, pasando a tu lado, es mi mano la que busca el contacto, y no me sirve cualquier zona de tu cuerpo, no quiero poner mi mano sobre tu camiseta, necesito que sea contacto directo con tu piel. Me giro ligeramente hacia ti, mientras pasas a mi derecha, también ligeramente volcado hacia mí. Y mi mano contacta con tu piel, mientras que, oh sorpresa, tú haces lo mismo conmigo. La distancia “de seguridad” ha desaparecido. Pasamos uno al lado del otro rozándonos casi costado con costado, y buscando ese contacto adicional con las manos en el brazo del contrario. Un contacto que ya no es un simple “posado” sobre la piel del otro, sino que se impregna de un leve movimiento, convirtiéndolo en caricia.

¿Eso ha sido un abrazo? ¿Un abrazo disfrazado de despedida? ¿Una caricia vestida de despedida? ¿En el trabajo? ¿En público? ¿Ya no podemos ni siquiera contener ese deseo de intimidad?

Apenas han sido cinco segundos y no puedo respirar. Estoy tan extasiada que mi garganta se seca, mis ojos no parpadean, mis músculos están tensos y expectantes, deseando más. No lo esperaba, no esperaba la reciprocidad de tu cuasi abrazo, de esa leve caricia uno contra el otro… Me ha resultado tan sorprendente el “baile” que hemos mantenido uno con el otro, que me cuesta procesarlo.

No, no es mi imaginación… no tenemos ese tipo de contacto con nadie más… Si hay un abrazo entre amigos o compañeros, se palpa que  el ambiente distendido, las bromas, causan ese acercamiento. En nuestro caso, en la intimidad, la ansiedad por ese leve roce, la excitación, la que nos empuja a acercarnos… no hay sonrisas, hay tensión, hay expectación, hay dudas y contención…

Esa contención me está matando. Porque me hace acumular más y más deseo, pero no sé cuánto más podré aguantar. Y lo intento, porque esa acumulación de tensión me hace estar permanentemente excitada, y esa adrenalina me mantiene “eléctrica” todo el día.

Me mantiene llena de vida.

Labisosgloss.-

 

NO LE ESCRIBAS...

NO LE ESCRIBAS...

No escribas, no saludes, no provoques, no juegues… Me lo repito a mí misma una y otra vez, pero también debería decírselo a él, para poder liberar mi mente, y no parecer (estar) obsesionada con sus mensajes, sus palabras, sus sonrisas, sus coqueteos…

Así es como le he llamado en mi agenda: NO LE ESCRIBAS… para poder frenar mis ganas, contener mi impulsividad cuando noto que mi cuerpo pide más de él…

Porque me cuesta un mundo tener la posibilidad de entablar un juego tan divertido como excitante con él, y no hacerlo… porque el coqueteo que nos traemos me resulta irresistible.

Pero me noto desfallecer porque no quiero que la dependencia, que la adicción, vaya en aumento.

Por eso quiero mantener las distancias… si puedo…

Y funciona realmente: cuando me siento a punto de ceder, su nueva nomenclatura contiene mis deseos, me hace recapacitar y pensar que la contención me mantendrá centrada.

...O eso espero…

 

Labiosgloss.-

DUALIDAD

DUALIDAD

He soñado con tus labios quemando mi piel. Porque esa es la sensación que me provocan incluso a distancia: quemazón, necesidad, ansia, impaciencia… todas aquellas sensaciones que me agitan y me inquietan, que irremediablemente se unen para hacerme sentir tanta pasión como sufrimiento.

La curva de tus labios y tu barbilla, profunda e intensa…

…y su más que deseado paseo por las curvas de mi cuerpo.

Tu aliento agitado chocando contra mi piel, el murmullo de tu garganta, con gemidos ahogados, con palabras ocultas que apenas aciertan a pasar de tu mente a tus labios.

Soporto tu peso sobre mí y la falta de aliento por el deseo se incrementa por la presión de tu pecho sobre el mío, y esa lucha por respirar y respirarte me excita y me mata por igual…

Porque todo lo que me provocas une el deseo y la angustia, el placer y el dolor.

Porque una sensación no podría vivir sin la otra. Porque se alimentan y se enriquecen mutuamente, porque la ausencia de una debilita la otra, porque la intensidad de una engrandece a la contraria…

Y en ti mismo  conviven personalidades duales que me dan una de cal y una de arena,  que me provocan la misma desesperación y excitación, y sin las cuales no podría vivir…

IMAGINACIÓN

IMAGINACIÓN

Me encanta, por un momento, mirarte con otros ojos.

Me encanta ese momento en que pasas de ser tú, a ser mi objeto de deseo, ese momento en que tu rostro no es reflejo de tu personalidad, sino unos labios besables, unos pómulos excitantes, una mandíbula masculina y unos ojos ardientes…

Cuando cada parte de tu cuerpo se convierte en una zona erótica para mí… por el placer que siento al observarte, por el placer que recorre mis venas al recrearme en la curva de tu trasero, en la amplitud de tus hombros y los ángulos de tus caderas…

Me encanta pasar de miradas amistosas a miradas excitadas. Ese momento en que un comentario provoca esa media sonrisa que dice más en su contención que una carcajada… porque esa expresividad a medias deja claro que hay una parte oculta que nos quedamos dentro, que queremos degustar en nuestro interior, derivando su magia muy al fondo de nuestras entrañas.

De repente paso de escucharte con atención a no poder quitar mis ojos de tus labios. No ya prestando atención a lo que me dices, sino a su movimiento, a desear lamer su dulzura con los míos.

Y un roce casual en mi mano no es un contacto fortuito, sino un chispazo que recorre mi cuerpo a través de mi médula espinal, descargando un inmenso deseo dentro de mí.

Y aprieto mis piernas para contener el deseo, aunque al mismo tiempo me encanta sentir cómo ese deseo por ti va llenando mis venas, embriagándome de ti, saturando mis sentidos, totalmente drogada de ti.

Porque puedo pasar todo el día recordando esa sensación, rememorando sus sensaciones en mí. Porque puedo vivir de ello, alimentarme de su recuerdo, cuando no te tengo cerca.

Porque mi imaginación une partes vividas con otras inventadas, deseadas, de cómo querría disfrutar contigo, hacerte mío y ser tuya, poner mi cuerpo a tu disposición y poder descubrir partes nuevas del tuyo.

Y recreo situaciones de una forma tan real que vuelvo a sentir tu intensidad corriendo por mis venas, llegar hasta mi sexo y explotar… y descubrirme sonriendo extasiada.

Y puede que a veces sea tan obvio para ti, sin yo decir nada, que resulte ridículo… pero al mismo tiempo me vuelve loca mostrar ese lado oculto, excitable y que vayas descubriendo en mí cosas que, seguramente, no habrías imaginado.


Labiosgloss.-

Por tí...

Por tí...


Sé que me quedo hipnotizada mirándote mientras tú me miras... sé que notarás cómo mis ojos recorren cada ángulo de tu cara, cada sombra, cada arruga, cada mueca... hipnotizada mirando el movimiento de tus labios mientras me hablas, pensando justo en ese momento que no me había fijado en su turgencia...
Y veo cómo me estás hablando, pero no puedo escucharte.
Veo, sin embargo, cómo tu boca queda entreabierta mientras esperas una respuesta mía, cómo tus ojos se mueven por mi rostro, y me siendo desvanecer en ellos.
Puede que no los más bonitos, puede que no los más exóticos... puede que tardaras en llamar mi atención, como así fue, pero pasito a paso, ese cúmulo de "normalidades" se ha desmarcado como el conjunto perfecto que me vuelve loca.

Porque esa turgencia de tus labios, sí, finos, pero tan llenos, tan voluptuosos, tan afrutados... me colapsa la mente, me impide pensar en nada que no sea desear morderlos despacio, con suavidad... me impide dejar de desear sentirlos en mi boca, melosos, juguetones, sintiendo chispazos al contacto, notando cómo me humedecen por completo, casi viéndolo como el preludio del beso mucho más profundo que querría sentir en lo más íntimo de mi sexo.
Porque ahí es donde quiero sentirlo, donde me muero por tener un minuto más la calidez de tu aliento.

Y entonces siento cómo, en realidad, cada parte de tu cuerpo me hace temblar al imaginarla en el contexto adecuado dominado por mi lujuria...

Porque tus manos, tus dedos, no tienen sentido en mi mente tocando nada que no sea mi piel... porque puedo mirar horas tus manos y casi sentir cómo rozan mis pezones, ascendiendo por mi cuello, acariciando mi mandíbula e introduciéndose entre mi pelo a la altura de la nuca...

Porque tus piernas, puede que demasiado delgadas, puede que insignificantes bajo esos tejanos desgastados, turban mi mente al imaginarme pasando mi mano, desde tu rodilla hasta la parte superior de tu muslo, hasta el punto de notar cada músculo tensarse al contacto de mi mano con tu cuerpo.

Porque tus caderas, apenas marcadas por el dibujo de tu cinturón, traen a mi mente toda la fuerza y la potencia del empuje violento que notaría sobre mí mientras de dejo entrar más y más profundo...

Porque tu pelo, salvaje, sin más forma que la propia ganada a base de huir de cortes y peinados, me engatusa, me atrae, me tienta... porque necesito tocarlo y olerlo, sentir su suavidad y disfrutar de la magia del movimiento perfecto que haces para retirarlo de tus ojos.

Porque esa media sonrisa inclinada levemente a la izquierda me desarma, y sé que notas cómo mi mirada cambia, cómo se vuelve tierna al mismo tiempo que cargada de deseo. Porque esa media sonrisa entra en el juego de coqueteo que tanto nos gusta y que tanto nos gusta demorar.

Porque no puedo pasar un segundo más sin buscarte, sin tenerte cerca, tentando a la suerte, tentando a tu cuerpo para que decida que cada aproximación no es casual, sino buscada y deseada. Porque me muero por tenerte dentro, sentir el deseo explotar dentro de mi y los gemidos de tu garganta clavados en mis oidos, como el sonido más dulce que jamás podré esperar. El sonido que me alimenta y que querría provocarte día tras día...

Labisogloss.-


DESASOSIEGO

DESASOSIEGO


… Y angustia, desesperación, ansia, impaciencia, inseguridad, incertidumbre… por verte, por tenerte, por sentirte, por oírte, por olerte, por tocarte.

¿Cómo me miras? ¿Cómo me hablas? No te entiendo, estoy perdida. Te siento cerca y lejos, me confundes, me excitas y congelas al mismo tiempo, me provocas tanta impaciencia como temor… porque sólo hay una cosa peor que no haberte tenido nunca: perderte…

Porque no es suficiente lo que he tenido: necesito más… Porque no puedo no volver a tenerte, no puedo no volver a sentirte… no puedo siquiera respirar si pienso que nunca a más mi piel se mezclará con la tuya…

Me ahogo, me cierro, me hundo, me escondo… mi piel apenas sujeta mis emociones, mis lágrimas se escapan, y mi respiración, así contenida, apenas me es suficiente para vivir.

Labiosgloss.-