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LABIOSGLOSS

FANTASEANDO

FANTASEANDO

 

Puedo ver en sus ojos el cambio. Puedo sentir como muta su jovialidad, su dulzura, en el más oscuro de los deseos. 

 

Dejo de ver la sonrisa en sus labios, que se tornan serios, concentrados, cuando me toma de la mano, me pega a la pared y coloca mis manos sobre mi cabeza. Puedo sentir su intensidad cuando me mira a los ojos, pero no sonríe, solo me mira fijamente, solo me deja perderme en ellos mientras no puedo evitar acallar un gemido.

 

Y sujeta mis manos, atadas, a la parte susperior de la puerta, y muy despacio, comienza a desnudarme, paseando las yemas de sus dedos entre el encaje de mi ropa interior, siguiendo el hueso de mi clavícula, apenas una caricia, ascendiendo por mi cuello, apartando mi pelo y rozando mi nuca.

 

Cierro los ojos, quiero sentir esa calidez solo en mi piel, no distraerme con nigún otro sentido... pero no me deja.

 

"No cierres los ojos, mírame", y tira levemente de mi pelo para recuperar mi atención.

 

Deseo sus labios, pero no los acerca a mí. Quiero besarle pero sé que no me va a dejar, de momento... Sé que ha empezado un juego que me deja totalmente a su merced.

 

Desaparece un segundo de mi lado, para volver con algo en las manos. Un recipiente con chocolate templado, que me sorprende, hasta que introduce su dedo índice en él y recoge una pizca de crema que coloca sobre uno de mis pezones. Y se recrea extendiéndolo sobre él, siguiendo su contorno, para después lamerlo y relamerse mientras degusta la mezcla.

 

Y coloca un poco más sobre mis labios, como si los maquillara, perfilándolos, para después pasar tan solo la punta de su lengua sobre ellos, retirando de nuevo el chocolate.

 

Y juega a contornear mi cuerpo con la crema, dibujando líneas que después saborea, y yo intento moverme, pero me doy cuenta de la poca libertad de movimientos que tengo atada. Y empiezo a gemir pidiendo que me suelte.

 

Pero no lo hace. Y no le doy ninguna pena.

 

Deja el vaso aparte y me gira, dejándome de espaldas a él, de cara a la puerta a la que me tiene atada. Y desliza sus manos desde mi cuello, bajando por mi espalda, mis caderas, mi traseo y mis piernas. De nuevo, ésta vez con las manos embadurnadas de aceite, repite la operación. Y noto como mi piel se calienta por el roce de sus manos.

 

Me masajea de forma intensa pero sensual. Hasta que noto como su mano sacude con fuerza mi trasero. Un golpe seco, muy intenso, que me hace dar un respingo  y me obliga a ahogar un grito, y que sin embargo él calma de forma instantánea agachándose y depositando un beso en el punto exácto en el que segundos antes dejaba caer su mano.

 

Y vuelve a deslizar sus manos sobre mi piel, y ahora sí posa sus labios en mi cuello, y me muerde ligeramente, y me susurra, y, de repente, siento de nuevo el picor del golpe de su mano en mi trasero. Esta vez seguido de una suave caricia que intenta aliviarlo.

 

Noto los brazos cansados por todo el tiempo que llevo con ellos sobre mi cabeza, cada vez mantienen menos la postura, y él me ayuda sujetando mis muñecas con una de sus manos contra la puerta, notando todo su cuerpo contra el mío, contra mi espalda. Notando como mueve sus caderas contra mí, para volver a sentir la fuerza de su mano sobre mi trasero, enjaulada entre sus brazos y su cuerpo, sin poder moverme, intentando controlar el escozor del azote sin llorar, porque no es dolor lo que me provoca, porque si lloro, no es porque no me guste lo que hace...

 

Y desaparece de nuevo, y vuelve con aquella cinta negra de raso que le regalé. Y me gira y, ahora sí, me besa. Y me envuelve, dibujando sobre mi piel con el lazo. Como si creara un vestido sobre mí. Y allí, estirada como me tiene, con los brazos en alto, despeinada, llorosa y excitada, hace nudos y lazadas, y me siento protegida.

 

Labiosgloss.-

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