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DESPACIO

DESPACIO

Sus ojos me encienden... su forma de mirarme me enciende.

 

Sus manos me envuelven y me acercan a su cuerpo.

 

Su cuerpo me transmite el calor de su deseo y su impaciencia, y se mezcla con la mía, y se alimentan la una a la otra. Esa impaciencia que nos impide hablar, a sabiendas de que serán nuestros cuerpos quienes hablen...

 

Noto sus labios en mi mandíbula y noto como me flaquean las rodillas. Sus brazos me sujetan, y me dejo abrazar por ellos, mientras respiro agitada deseando que su boca se acerque a la mía.

 

Ese calor de sus labios que intentan ser dulces, que intentan ir despacio, pero que se van enervando según bajan a mi cuello, y que se impacientan tanto como lo estoy yo, mientras intento acallar un gemido dentro de mí al notar sus dientes en mi garganta.

 

Siento la presión de sus manos en mi trasero, acercándome a su cuerpo, y noto su excitación.

 

Giro la cabeza buscando sus labios con los míos, pero juega conmigo, los esconde, y puedo ver cómo sonríe mientras lo hace. Me tortura porque sabe que eso me excita aún más.

 

Y me está matando.

 

Ha empezado a subir mi vestido por un lateral, y ha ascendido con su mano por mi muslo. Ahora noto cómo sus dedos apartan mi ropa interior y se abren paso en mi cuerpo.

 

Sé que estoy mojada. Estoy mojada desde que salí de casa, desde que introduje las bolas de acero en mi cuerpo, expectante por saber qué sensaciones me proporcionarían, y cuál sería su sorpresa al encontrarlas allí. Y su movimiento dentro de mí, la tensión que me obligan a mantener todo el tiempo, me tienen al borde del orgasmo, sobre todo al sentir cómo sus dedos separar mis labios, ascienden muy despacio hasta mi clítoris,y lo acarician, justo en el instante en el que, además, atrapa mi boca con la suya y noto el deseo de su lengua dentro de mí, con su respiración impaciente, con su mirada fiera y su cuerpo totalmente preparado...

 

Soy consciente por primera vez de que cerré los ojos en el primer abrazo y apenas los he abierto después, puede que tan sólo para buscar su mirada, para interpretar su estado de excitación, pero le disfruto de una forma muy intensa cerrando los ojos y dejándole hacer a él.

 

Me tiene contra la pared, apenas puedo moverme... Con una mano ha sujetado mis muñecas sobre mi cabeza, y con la otra sigue curioseando dentro de mí... y noto su suspiro risueño, y se que las ha encontrado, y que le gusta...

 

Le pido que vayamos a la cama... quiero ir despacio, quiero alargarlo y disfrutarle.

 

Me siento en el centro de la cama, con las piernas abierta y ligeramente dobladas, para que él se encaje, en la misma posición, frente a mí, cruzando sus piernas sobre las mías, enredándonos el uno en el otro, con su rostro frente a mí.

 

Y acaricio su pelo, y sus cejas, y bajo por su mandíbula hasta sus labios... y me deleito recorriendo su rostro con mis ojos, mientras sus manos permanecen quietas sobre mis muslos. 

 

Y acerco mis labios a su oido...  “Tócame... quiero sentirte dentro...”

 

Y mueve una de sus manos, que se introduce entre mis piernas, acariciando suavemente mi piel... y sin dejar de mirarnos a los ojos, llega a mi sexo y lo abre, y se queda ahí, inmóvil, tan sólo dejándome sentir la presión de su mano, caliente, sobre mi cuerpo, dejando que la excitación vaya creciendo poco a poco, para después recorrer con su dedo toda la longitud de mi sexo, ya totalmente empapado, y llevandose el dedo a la boca, lamiéndolo... Y yo no puedo reprimir mis ganas y acerco mi labios a los suyos para saborearme a mí en él.

 

Abraza mis hombros y rodeo su cuello con mis manos. No puedo dejar de besarle, muy despacio, alimentándome del aire que exhala, sintiendo el calor subir por mi pecho y nublarme los sentidos.

 

Agarro su nuca y le acerco a mí. Nos miramos a los ojos, pero no decimos nada, ni una palabra. El silencio va a acumulando toda esa tensión que, cuando no podamos más, hablará por sí sola.

 

Y bajo una de mis manos por su pecho, y llego hasta su sexo. Y notarlo tan duro y caliente, por mí, dispara mis sentidos. Y acerco un poco más mis caderas, para que pueda rozar con mi clítoris, y sentir toda su dureza contra mí.

 

Sé que está a punto de revelarse y tomar el control. Lo se por su mirada, por su forma de respirar, por la forma en que las yemas de sus dedos se clavan en mi piel.

 

Y cuando muerdo mi labio inferior mientras le miro, me empuja hacia atrás, tumbándome en la cama, y colocándose sobre mí,  con una de sus manos entre mis muslos, susurrándome al oído “¿Vas a ser buena?”... y poniéndome a cien.

 

Y de nuevo, sus dedos abriéndose camino dentro de mí... ahora sí jugando con las bolas que aún llevo dentro, empujando ligeramente, atento a mis reacciones... Y cuando le digo “Sácalas, te quiero a ti dentro”, se apresura a liberar el espacio para empezar a jugar él...

 

Y noto oleadas de placer cada vez que sus dedos entran dentro de mí, cada vez que noto su presión tan al fondo que me tiembla todo. Y noto que entra, y gira, y mueve, y saca, y vuelve a entrar... cambiando el ritmo, la intensidad, y me hace imposible prever sus movimientos...

 

Y sólo puedo dejarme llevar...

 

Labiosgloss.- 

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