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LABIOSGLOSS

HOTEL

HOTEL

 

Ene. 2013

 

Hemos llegado juntos al hotel, de madrugada, cansados tras un largo día de trabajo, pero sin perder el buen humor.

Siempre hay buen humor entre nosotros. Siempre. Eso no acercó en su día y nos une cada vez más. 

He pedido una habitación para mí mientras él daba los datos de tu reserva. No estaba previsto que yo me quedara, sí que lo hiciera él, pero a esas horas ni me planteaba volver a casa para tres horas.

En broma le comento que es absurdo pagar dos habitaciones para un rato, y veo que me mira esperando algo más, sin decir nada. Eso, esperando…

Y caminamos juntos hasta el ascensor sin hablar.

Y decido que quiero jugar, de una forma inocente, pero jugar al fin y al cabo.

Y le miro sonriendo, en silencio, esperando su pregunta… y sí, me pregunta que de qué me río, y empiezo…

… Y le digo que hace años pasaba mucho tiempo en hoteles sola por trabajo y se me hacía en ese momento raro ir con un compañero, que normalmente siempre que voy acompañada a hoteles no es por trabajo… (pausa)

… Y le digo que los hoteles tienen siempre ese toque de “todo vale” que me encanta… (pausa)

… Y que, oh qué pena, apenas tres horas de sueño con lo divertido que es poder dormir hasta las tantas en esas camas tan grandes… (pausa).

Y al llegar al quinto piso, salgo delante de él, sonriendo al ver su cara, entre cortada y dubitativa.

No, sé que no se va a atrever a proponer nada, ni yo tampoco, pero me sirve que sólo lo piense.

Y nuestras habitaciones son contiguas, y al despedirnos, sin mirarle, le digo que sea bueno, que a ver qué hace que seguro que a través de la pared se oye todo. Y le guiño un ojo al tiempo que paso al interior de mi habitación, sin esperar a ver su reacción. Porque no lo necesito, porque sé que justo pensará en lo que no debe hacer, y porque sé que será lo único que le apetezca.

Mientras saco la ropa de la pequeña bolsa de viaje que llevo, escucho tras la pared que él acaba de meterse en la ducha, que hace pared con la mía. Voy al baño, me quito la ropa y entro en ella. Acciono el grifo del agua. Quiero que él, al otro lado, sepa en cada momento lo que hago. Que lo imagine. Que me piense.

Y así, al salir de la ducha, que dura exactamente lo mismo que la suya, toso ligeramente para que note mi presencia.

Vuelvo a la habitación y decido molestarle un poco preguntándole en un mensaje si tiene un cargador de móvil que pueda dejarme. Y me dice que cargador no, pero lleva el portátil cargado, y si tengo yo el cargador USB, pudo usarlo.

Y le digo que ok, que voy a buscarlo. Y toco su puerta, y me recibe con un pantalón corto y una camiseta, mientras que yo voy en albornoz, con el pelo mojado y descalza. Obviamente, desnuda bajo el albornoz. Y lo sabe porque lo leo en sus ojos. Y cuando alarga la mano para darme el portátil, roza la mía de forma tan sutil como innecesaria.

Son las 5 de la mañana y ahí estamos, jugando en la puerta de su habitación.

Y vuelvo a la mía, y conecto el móvil, y me manda un mensaje diciéndome que no sea curiosa y no me dedique a ver videos porno en internet.

Y me parece tan elegantemente obsceno su comentario, que no sólo le digo que es probable que lo haga, sino que además, si quiere, le voy contando lo que veo.

Tarda en responder unos segundos, para finalizar con un OK que me pone a mil. Pero le hago sufrir al decirle que son cosas privadas y no se lo voy a ir contando.

Y entro en Internet, busco la página que me interesa, accedo y subo el volumen. Porque apuesto a que, dado que como he visto al ir a su habitación, su cabecero está pared con pared contra el mío, podrá escuchar ligeramente lo que yo esté viendo.

Y acciono el vídeo, me acomodo y guardo silencio. Quiero ver si soy capaz de notar si lo escucha o no. Y no oigo nada, salvo el propio vídeo, hasta que escucho el ligerísimo sonido de su cuerpo al caer sobre la cama, moviendo ligeramente el cabecero y haciendo ruido contra la pared que nos separa.

Y me centro en las imágenes, y empiezo a canalizar mi excitación, más provocada por él que por el vídeo, pero que éste amplifica.

Los gemidos de los actores son cada vez más intensos, y deseo que él, al otro lado, lo escuche. E imagine mi excitación, me imagine con su ordenador al lado en la cama, masturbándome.

Porque yo, en ese momento, lo único que puedo pensar es en él haciendo lo mismo.

Pero no le oigo, no sé qué hace…

Hasta que suena mi móvil, y es él, y me dice que si no bajo el volumen, en el hotel van a pensar que hemos acabado en la misma habitación.

Y no necesito nada más para seguir. Es su confirmación, y vamos a masturbarnos juntos, lo sé.

No le respondo, pero subo un poquito más el volumen, al tiempo que me acaricio y empiezo a mezclar mis gemidos con el audio.

Deseando que me escuche.

Deseando, en algún momento, escucharle.

Y para ello, sólo pudo hacer una cosa… dejar un par de minutos más el vídeo, pero después quitarlo, y que él solo me escuche a mí y yo sólo escucharle a él.

Y cuando lo hago, estoy tan nerviosa como excitada. Porque sé que me va a escuchar sólo a mí, mientras me masturbo pensando en él.

Y al escuchar su primer gemido, tengo que contenerme para no dejarme ir en ese momento, porque quiero un ratito más de sus gemidos en mi mente.

Y me acaricio al ritmo que él, al otro lado de la pared, me marca. Y gimo también para que note mi presencia. Y cuando estoy tan caliente que no puedo aguantar más, contengo ligeramente un grito mientras le imagino dejarse ir al mismo tiempo.

Y de repente, al otro lado ya no se escucha nada.

Y me limito a ponerle un mensaje deseándole buenas noches.

Y me devuelve un beso.

Y así… 

 

Labiosgloss.-

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