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DESNUDOS...

DESNUDOS...

 

El verano en la montaña tiene una calidez tenue: el sol calienta sin llegar a quemar, la brisa refresca la piel y hace sonar las copas de los árboles, casi creando una banda sonora, haciendo el ambiente inconfundible, un remanso de paz y de libertad difícil de explicar.

 

Y, en este caso, una libertad nueva, que nunca había experimentado, se presentaba ante mí.

 

Caminábamos por senderos tranquilos fantaseando con la posibilidad de quedarnos solos y poder desnudarnos ajenos a miradas curiosas, pero con cierta resignación a que no sería posible. Aun así, jugábamos, nos tocábamos, nos besábamos… mientras seguíamos caminando.

 

Al llegar, el silencio de aquel lugar nos hizo mirarnos y sonreír. Sin duda estábamos solos. Una piscina natural privada para nosotros. El sol bañando el pequeño claro entre árboles, la piedra caliente reflejando la luz de las primeras horas de la tarde, el agua cristalina y fría refrescando el ambiente…

 

Dejamos apartadas las cosas y nos desnudamos. Nos acercamos al borde del agua y allí nuestra piel, bañada por la luz y la humedad, nos resultaba irresistible.

 

Sentada a su lado, besé su hombro, acaricié su antebrazo y posé mi mano sobre su sexo. Sus ojos me miraban golosos, impacientes…

 

Estábamos solos, desnudos, despreocupados y muy excitados.

 

Besó mi cuello, lo mordió, y dejó caer su mano entre mis muslos. El agua fría goteaba desde su pelo por su pecho, y caía sobre los míos, que se mostraban totalmente erectos, en parte por el agua, pero también por lo caliente que me tenía mientras introducía sus dedos en mi sexo, abriéndome para empezar a estimularme, a pesar de que yo ya estaba totalmente entregada y esperándole en mí.

 

Me tumbó sobre las piedras, en el borde del agua, boca arriba, colocándose entre mis muslos, y empezó a pasar su lengua por mi sexo, muy suave, apenas rozando mis labios, abriéndolos y follándome con su lengua, introduciéndola en mí, saboreando mi humedad.

 

La presión de sus labios en mi pubis, la calidez de su respiración en mi sexo, la humedad que notaba resbalar entre mis muslos… y el sol bañando mi piel, el ronroneo del agua  fluyendo entre las rocas, el silencio que nos rodeaba… me veía a mí misma totalmente entregada y libre. Y mientras lamía mi clítoris agarrado a mis muslos, sentí estallar toda la energía que me rodeaba, sentí cómo mi vientre se contraía y me dejaba sin respiración, como no podía hacer nada más excepto sentir, excepto recrearme en las mil sensaciones que hacían que mi cuerpo se retorciera de placer…

 

El temor a que alguien pudiera aparecer en cualquier momento estaba presente, pero a aquellas alturas ni queríamos ni podíamos parar.

 

Me giró, y colocándome de rodillas, empezó a besar mi ano, al tiempo que lo estimulaba con sus dedos, dejándolos también resbalar hasta mi clítoris y mi sexo, valiéndose de esa humedad para lubricarme… y en apenas un par de minutos mi cuerpo estaba totalmente dispuesto a recibirle, totalmente excitado, agarrando mis pechos desde detrás, mordiendo mi cuello y dejando que su sexo se abriera paso en mi culito, empujando con suavidad y firmeza.

 

Notar cada milímetro de su sexo entrando en mí, el calor de su pecho en mi espalda, su respiración entrecortada en mi oído, la inquietud velada de nuestra exposición en un lugar público, mis gemidos con cada embestida… notaba mi cabeza volar, como si no fuera capaz de procesar tantísimas sensaciones al mismo tiempo.

 

Sus manos agarrando mis nalgas con hambre, los azotes y apretones que me daba mientras aumentaba el ritmo, el vaivén de su cuerpo contra el mío… No podía aguantar más, y al mismo tiempo deseaba esperarle, sentirle correrse dentro de mí y dejarme llevar al mismo tiempo.

 

Su grito ahogado, sus palabras avisándome de que no aguantaba más, su respiración furiosa liberando toda esa excitación y tensión… todo aquello me hizo cerrar los ojos y dejar que mi cuerpo de deshiciera de placer, dejándome tendida sobre el muro de piedra,  sin poder moverme, notando cómo el placer llegaba a cada rincón de mi cuerpo, con sus manos apoyadas aún en mis cadera mientras besaba cada una de mis nalgas y las azotaba ligeramente…

 

Y allí nos quedamos, desnudos, relajados, tendidos al sol junto al agua de las montañas.

 

Labiosgloss.-

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2 comentarios

Labiosgloss -

Muchas gracias, un placer!
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Javier -

Es exquisito leerte y sentir...
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