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SUEÑO Y REALIDAD...

SUEÑO Y REALIDAD...

Él la observa:

…sus labios…

           …sus ojos…

                     …su pelo…

                              …sus pómulos…

                                           …sus pechos…

                                                        …su trasero…

                                                                    …sus piernas…

 

Ella le observa:

…su mandíbula…

            …sus labios…

                        …sus ojos…

                                  …su ceja partida…

                                                …su pelo…

                                                            …su cuello…

                                                                       …sus hombros…

                                                                                        …sus manos…

 

Ninguno dice nada. Se cruzan cada día, pero disimulan. Como si se resultaran indiferentes, como si nada…

Hoy, ella, ha soñado con él. Y podía distinguir perfectamente su voz, su olor, su calor. Hoy ha vivido oníricamente lo que tanto desea. Hoy él ha sido suyo. Y ha saboreado sus labios, y sentido sus manos acariciar su piel. Hoy él era real, entre penumbras, por primera vez.

Él, en su cama, ha pensado en ella una noche más. En su alegría y su sensualidad. En las ganas de acariciar su rostro cuando le habla, en las ganas de besar sus labios y estrechar su cuerpo cuando están a solas.

Hoy, cada uno en su vida, ha estado junto al otro.

Hoy, esta noche, ella se ha humedecido soñando con él. Podía sentir entre sueños como su cuerpo reaccionaba a las imágenes que se creaban en su mente.

Él, sin embargo, recrea de forma real ese encuentro. Y se acaricia pensando en sus manos recorriendo su espalda, levantando su vestido bajo la mesa de reuniones, y deslizándose muslo arriba, llegando al borde de sus medias, jugando con el elástico, mientras disimula atendiendo como si no sucediera nada. E imagina el rostro de ella sonrojándose, primero por la vergüenza, la duda de si alguien sería consciente de lo que sucede bajo la mesa… y, después, por la excitación, tiñendo sus mejillas y su pecho, mientras contiene ligeramente la respiración ahogando un gemido.

Él puede sentir la suavidad de su piel y, al llegar al borde de su ropa interior, el calor que emana de su cuerpo.

Ella, dormida, en su sueño, disfruta del roce casual de sus manos al cruzarse en el pasillo, de cómo él atrapa su mano, sin dejarla avanzar, la retiene y acorrala ligeramente, mientras a dos centímetros de sus labios le dice que le busque en veinte minutos en la parte trasera de la oficina. Y al llegar el momento, encontrarle sentado en un taburete, con las piernas levemente abiertas, y al acercarse a él, que la tome de las manos y le haga encajarse justo entre ellas, al tiempo que posa sus manos sobre su trasero.

En la sala de reuniones, él la mira de reojo pidiendo aprobación para continuar. Ella, sin palabras, con una mirada tan excitada como asustada, se lo concede. Él desliza un dedo entre la ropa interior y se abre camino. Y apenas unos centímetros más al centro, la humedad de ella le recibe ansiosa y expectante.

En la parte trasera, ella cierra los ojos al verle aproximarse, espera sus labios. Donde él quiera, eso no importa. Y encajada entre sus piernas, puede notar la excitación de él, su sexo duro contra su pubis, y eso hace que ella se excite aún más. Y casi ronronea esperando el beso, que llega suave y casi con miedo, casi pidiendo permiso, y que al contacto de las lenguas, empieza a envilecerse, a tornase tan apasionado como impaciente.

Bajo la mesa, los dedos de él juegan con su clítoris, apenas un roce, apenas una caricia, que hace que ella afloje sus piernas y se entregue. Y ve cómo entreabre los labios y suspira. Cómo su mirada, antes atenta a la presentación, ahora está ausente. Ahora está perdida en ese lugar turbio al que él la ha llevado.

Sin embargo, en la parte trasera de la oficina, es ella quien toma las riendas y con sus manos temblorosas de pura excitación, al tiempo que su boca se funde con la de él, busca su cinturón y empieza a desabrocharlo, a liberar todo el deseo que él le brinda, y que ella recibe golosa, jugando y acariciando, para después retirar sus labios de los de él y concentrarse en su sexo.

En la sala de reuniones, los dedos de él, ya empapados dentro de ella, acarician y frotan y presionan, y la tienen al borde del orgasmo. Y cuanto más piensa que no puede correrse allí, rodeada de gente, más excitada está. Y él, al verla debatirse entre la decencia de una buena chica y la lujuria de una mala, está disfrutando como un loco. Y cuando la mano de ella, bajo la mesa, agarra la de él y nota esa presión firme, angustiada y tensa, sabe que ella ha alcanzado el clímax, retira despacio su mano y asciende sus dedos hasta sus labios, saboreándola derramada en él.

Mientras, es él quien no puede contener más tiempo la excitación mientras la ve dedicada a su placer, mientras le lame y succiona, cerrando sus labios entorno a su glande, pasando la lengua por su frenillo… y así, mientras la agarra del pelo y sin poder dejar de gemir, se corre en sus labios mientras ve cómo le mira con ojos traviesos y excitación contenida.

Y de esta forma, hoy, cada uno en su cama, ha deseado al otro, se ha dedicado al placer del otro.

Y mañana se verán, y disimularán de nuevo… o no.

 

Labiosgloss.-

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3 comentarios

Labiosgloss.- -

Gracias por tus comentarios "Barquero"... Te sigo y añado a mis enlaces...
Y sí, hay que decir las cosas para que se conviertan en realidad...
Labiosgloss.-
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El Barquero -

Me he dado cuenta que este blog no direcciona a mi perfil. Por si tienes interés mi blog es:

http://abandonandoelcastillo.blogspot.com

El Barquero -

¡Buen relato! Si relamente deseas convertirlo en real... ¡dale a tu hombre algún indicador MUY CLARO, de interés! O te quedarás siempre en tus sueños... ¡Tú misma! Besos.
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