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LABIOSGLOSS

NOCTURNIDAD...

NOCTURNIDAD...

2:56h

Suena el timbre de casa pero yo estoy dormida. Lo escucho entre sueños, sin ser del todo consciente de si es real, y tardo unos segundos en reaccionar.

Abro los ojos y miro a mi alrededor, en penumbra, y veo iluminado el móvil sobre la mesilla. Tengo un mensaje. Es de él. Y me dice que necesita verme, que si puede venir a casa.

Hace una hora que lo recibí, y de repente pienso en el sonido de la puerta… ¿será él?

Me incorporo como un resorte, han pasado unos minutos desde que llamaron y aún no he abierto… ¿se habrá marchado? Y me levanto y me dirijo a la entrada, con la esperanza de que siga ahí.

Pero por la mirilla no veo a nadie. Y aun así abro la puerta, a pesar de estar casi desnuda, sin pensar en ponerme algo antes, con la esperanza de que no esté lejos, escuche el sonido y vuelva.

Pero no es necesario, porque al abrir, le veo sentado en el lateral de pasillo, con las rodillas encogidas y la cabeza apoyada en la pared. Y se gira en cuando nota que la puerta se abre, y me mira desde abajo sin decir nada, y lo único que se escapa de mis labios es un “Lo siento, no había visto tu mensaje”…

Se incorpora y, sin decir nada, me besa. Se acerca a mí, rodea mi cintura y me besa. Me empuja hacia dentro de casa, y cierra la puerta a su espalda.

Me besa con tantas ganas que me zarandea, y me cuesta mantener el equilibrio. Y sus manos pasan de mi cintura a mi trasero, que aprieta y estruja, y suben hasta mi cara, y la rodea con ellas, y yo permanezco agarrada al lateral de su chaqueta intentando entender qué está pasando, por qué se ha presentado así en mi casa, por qué no ha podido esperar a quedar y vernos… por qué ese arrebato.

Me lleva a la habitación, me levanta en volandas y me coloca de pie sobre la cama. Su cara queda apoyada sobre mi cintura, y besa mi abdomen mientras agarra mis piernas, y mientras mis manos se entrelazan con su pelo…

Y parece tan indefenso ahí abajo… sé que no lo es, pero lo parece.

Me dice “Necesitaba verte, necesitaba tocarte, perdona por despertarte” y no me puede parecer más sensual. Y me arrodillo en la cama para quedar a su altura, y poniendo mis manos sobre su cara le digo que yo también, y que no tiene que disculparse por nada.

Y así, empiezo a desvestirle, porque cada segundo que pasa necesito sentir más de su piel contra la mía.

Me recreo en su calidez, en la suavidad de su piel, en los contornos de sus músculos, en el aroma que desprende su ropa, en la cadencia de sus caricias en mí. Y lo hago muy despacio, porque querría que ese momento durara toda la noche.

Sus labios me absorben por completo. Su lengua juega con la mía y su respiración se mezcla con el aire que inhalan mis pulmones. Sus manos se aferran a mi cuerpo, y acarician con tanta suavidad como firmeza. Cubren mis pechos y aprietan, bajan a mi sexo y curiosean. Tantean esa sensible piel y provocan que se erice todo el vello de mi cuerpo. Y solo acierto a decirle a través de gemidos, que necesito sus dedos dentro de mí, que me muero por sentirle en lo más profundo.

Pero juega conmigo y, en lugar de hacer eso, se recrea acariciando mi clítoris, muy despacio, y noto cómo tiemblan mis piernas.

Estoy aferrada a su cuerpo, sostenida por él, porque de lo contrario, en ese momento no tendría fuerzas para mantenerme en pie.

Me empuja ligeramente para dejarme caer sobre la cama, y termina de quitarse la poca ropa que aún le queda. Se tumba a mi lado, con sus labios junto a los míos, y sigue con su dedicación a mi sexo.

Y mi piel arde por dentro.

Noto como mi vientre tiembla, y mi respiración se entrecorta. Estoy nerviosa. Cuando me excita tanto, tan de repente, me pone nerviosa. Tanto que podría llorar de la tensión contenida.

Y, sin embargo, esa tensión me da la vida. No hay un momento más feliz, no existe un instante más perfecto.

Y al verme temblar, acaricia todo mi cuerpo, me cubre de besos. Me susurra al oído palabras que no consigo entender, porque en ese momento toda mi sensibilidad es mi piel cubierta por la suya.

Su mirada está cargada de deseo. Se coloca sobre mí, estira mis brazos sobre mi cabeza, y noto como su sexo se abre paso entre mis piernas, entre mis pliegues, y busca la entrada, pero sin prisa… sentirle justo ahí me crispa todo el cuerpo. Le necesito dentro, pero al mismo tiempo sentir su dureza retozando con la humedad de la entrada de mi sexo, esas ganas contenidas, esa excitación…

Y tengo que contener las palabras que a punto están de escaparse entre mis labios.

Y le noto entrar, abrirse camino dentro de mí. Siento su respiración en mi cuello, sus dientes en mi hombro… siento su corazón latir cada vez más fuerte en su pecho, justo sobre el mío. Pero quiero verle la cara, y coloco mis manos sobre sus hombros para echarle un poco hacia atrás, para que se incorpore y poder mirarle.

Y la visión de su rostro desencajado por el placer incrementa el mío.

Le pido que me deje girarme, quiero tumbarme boca abajo, quiero sentirle a mi espalda. Quiero sentir su peso sobre mí, y olvidar el peso silencioso que siento desde hace tiempo.

Y así, colocado sobre mí, penetrándome desde detrás, introduce una de sus manos entre la cama y mi cuerpo, y sigue acariciando mi clítoris mientras yo ya no acierto ni a respirar. Y giro la cara, buscando la suya, buscando su aliento para poder continuar.

Y según incrementamos el ritmo, agarra mis caderas y me eleva, y me deja de rodillas sobre la cama, y siento sus manos en mis glúteos y escucho sus gemidos cada vez más intensos, mientras no deja de moverse, entrando y saliendo de mí.

Y por un momento, siento que podría pasar horas así. En esa posición, sintiendo toda su excitación a mi espalda, mirando de reojo su reflejo en el espejo, sintiendo sus embestidas cada vez más profundas.

Cuando le digo que estoy a punto, si moverme, sale de mí y acerca sus labios a mi sexo. Y así, me derramo sobre su boca entre contracciones de placer. Una vez… y otra. Porque me espera y continúa, porque no me deja respirar y tomar aliento cuando ya me hace perderlo de nuevo…

Y cuando ya noto que es él quien no puede más, me giro, sentada en la cama, con él de pie frente a mí, y beso su sexo, paso mi lengua por él, agarro y muerdo… y quiero que todo él se deshaga en mis labios, y saborearle, y degustarle…

Y se queda plácidamente dormido a mi lado, y yo duermo al suyo.

Y al despertar ya no está, se ha marchado… O pude que no haya estado nunca.

 

Labiosgloss.-

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